jueves, 10 de enero de 2019

Hoy celebramos a Sor Ana de los Ángeles, llamada “Beata de la Iglesia” por Juan Pablo II

Un día como hoy, 10 de enero, la Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo partía a la Casa del Padre. “Sor Ana de los Ángeles confirma con su vida la fecundidad apostólica de la vida contemplativa en el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia”, dijo San Juan Pablo II cuando beatificó a la religiosa peruana en 1985.
Sor Ana nació en Arequipa, Perú, a los inicios del 1600. Según la costumbre de la época, fue internada en el monasterio de Santa Catalina para su educación e instrucción. Cuando regresó al hogar por decisión de sus padres para casarla, expresó que no le agradaban los halagos del mundo, ni un ventajoso matrimonio. Su deseo era hacerse religiosa, incluso ante la indignada reacción de sus padres.
Se dice que un día tuvo la visión de Santa Catalina de Siena, en el que le mostraba el hábito de las monjas dominicas de clausura. Entonces decide regresar al monasterio.
Sus padres intentaron disuadirla ofreciéndole joyas, pero la beata se mantuvo firme. El papá aceptó, mientras que la mamá le dijo que no regresara más a su casa. La dote para ingresar al monasterio la pagó su hermano Francisco, de quien se conoce fue sacerdote. 
Con el tiempo hace los votos religiosos y le añade a su nombre el apelativo “de los Ángeles”. A pesar de las dificultades de la vida en el convento, mantuvo su entusiasmo en seguir a Santo Domingo de Guzmán y a Santa Catalina de Siena. 
Más adelante sirvió como Maestra de Novicias, llegando incluso a ser Priora, aun cuando ella decía que no estaba capacitada para el puesto. Algunas religiosas incluso trataron de envenenarla hasta en tres oportunidades. En todo esto, había descontento con las medidas de austeridad impuestas por Sor Ana y en el que se les exigía que vistieran sus hábitos, sin ningún adorno de oro. De esta manera encabezó con fuerza la reforma del monasterio y para ello amonestaba, corregía, animaba y promovía.
“Sabía acoger a todos los que dependían de ella, encaminándolos por los senderos del perdón y de la vida de gracia. Se hizo notar su presencia escondida, más allá de los muros de su convento, con la fama de su santidad. A los obispos y sacerdotes ayudó con su oración y su consejo; a los caminantes y peregrinos que venían a ella, los acompañaba con su plegaria”, dijo San Juan Pablo II.
Tenía una cercana relación con las almas del purgatorio, a quienes llamaba “sus amigas”. “De esta forma, iluminando la piedad ancestral por los difuntos con la doctrina de la Iglesia, siguiendo el ejemplo de San Nicolás de Tolentino, de quien era devota, extendió su caridad a los difuntos con la plegaria y los sufragios”, expresó el Papa Peregrino.
En varias oportunidades anunciaba enfermedades de sus allegados, para algunos predijo la cura  y en otros casos, la inevitable muerte.
Sus últimos años las pasó en la oscuridad de la ceguera, tenía dificultad para caminar, pero jamás se quejó. Aceptó con humildad sus dolores y sufrimientos y se convirtió en modelo de entrega y de plena confianza en Dios. La beata murió en 1686 y no fue necesario embalsamar su cuerpo porque despedía un buen olor. Diez meses después su cuerpo fue exhumado y lo encontraron fresco, hasta con flexibilidad comprobada de los músculos y articulaciones y con un singular aroma.
Después de su muerte se reportaron numerosos casos de personas que por encomendarse a la intercesión de Sor Ana de los Ángeles o tocar alguna de sus reliquias, recibían la gracia de la curación. Esto motivó a las monjas catalinas a iniciar el proceso hacia los altares de la que podría ser la primera santa arequipeña.
“Aquel misterio de la Gracia de Dios, escondido en el seno de la Iglesia de vuestra tierra, se hace manifiesto y se revela: ¡es Sor Ana de los Ángeles, la Beata de la Iglesia!”, exclamó San Juan Pablo II.
https://www.youtube.com/watch?v=iVWFdhl88ug&feature=youtu.be

Más información en el especial de Sor Ana de los Ángeles.
Más datos en la web oficial del Monasterio de Santa Catalina de Arequipa.

Lecturas de hoy 10 de Enero. Feria de Navidad

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,19–5,4):

Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él, En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no, son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.

Palabra de Dios 

Salmo

Sal 71,1-2.14.15bc.17

R/.
 Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey, 
tu justicia al hijo de reyes, 
para que rija a tu pueblo con justicia, 
a tus humildes con rectitud. R/. 

Él rescatará sus vidas de la violencia, 
su sangre será preciosa a sus ojos. 
Que recen por él continuamente 
y lo bendigan todo el día. R/. 

Que su nombre sea eterno, 
y su fama dure como el sol; 
que él sea la bendición de todos los pueblos, 
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según San Lucas (4,14-22a):

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. 
Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Palabra del Señor

miércoles, 9 de enero de 2019

Lectura del santo evangelio según San Marcos (6,45-52)

Lecturas de hoy 9 de Enero. 
Feria de Navidad 
Lectura del santo evangelio según San Marcos (6,45-52):

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado. 
Pero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.»
Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.
Palabra del Señor